De vuelta... otra vez

    Un día te levantas y te das cuenta de que hace dos días estabas engrasando la cadena de tu bici porque había llovido aquella mañana de domingo, con guantes largos para el frío invernal y rodando por la montaña en tu rígida montura de los años 90. Pero no, no han pasado dos días, han pasado más de treinta años y aquí estás, viviendo una vida totalmente distinta a la que imaginaste con dieciséis años, sentado en los escalones de la puerta de tu confidente de aquellos tiempos.

¿Mejor? ¿Peor? Quién sabe. Nadie puede garantizar ninguna de las dos opciones. Lo único que he aprendido en estos años es que solo puedes agradecer lo que has logrado, que siempre parece poco, pero créeme, es mucho.

Esas reflexiones pesan, claro que pesan, y mucho, intentando arrastrarte a un pozo oscuro, un agujero que lo atrapa todo, sobre todo la motivación hacia tu deporte o afición, y eso es peligroso, porque cuesta salir de ahí.

Todos, en algún momento, hemos estado en ese pozo, pero voy a hablar de mí, por autoayuda y por ayudar a quien pueda leer estas líneas en un rincón olvidado de la red. Todo sea dicho, raro, me parece que hayas llegado aquí en los tiempos que corren, pero aun así, gracias por estar.

Lo dicho: quien más, quien menos, alguna vez se ha visto de rodillas, mirando hacia un agujero de luz allá arriba que a veces parece inalcanzable. Pero nada más lejos de la realidad: se sale y se alcanza esa salida. Solo hay que pensar en una frase:

Lo bueno es que, a partir de aquí, todo es mejorar.

En mi caso, esa frase la he aplicado muchas veces a mi vida deportiva. Como todo deportista amateur, hay épocas de sequía que se hacen largas, y eso nos lleva a un desánimo bastante abrumador que nos afecta a unos más y otros menos, pero afecta y pesa.

Pues resulta que de casualidad (o no, algoritmos del demonio!) me topé con un vídeo en el que Eliud Kipchoge ídolo y leyenda, ponía encima de la mesa de una manera clara la diferencia entre motivación y disciplina.






Y punto, no hay más, en todo, en el deporte, en el trabajo, en casa, en los estudios, no hay mas. No hay motivación por las razones que sean, estás hundido por las razones que sean y ello te lleva a no hacer o practicar eso que te libera la mente, que te da paz, sea lo que sea, correr, nadar, tocar el piano, la guitarra, escribir, andar... lo que sea! y resulta que hay algo que te puede ayudar a salir de esa espiral, empezar.

Empieza, primero un paso, luego un texto, mañana una melodía y pasado una maratón, pero empieza, no mires atrás, eso ya no puedes cambiarlo y como se suele decir, el futuro es imposible de predecir, puedes intuir lo que crees que puede llegar a pasar, pero luego te sorprendes, así ni ayer ni mañana, hoy, y empieza.


Y por eso aquí estoy, escribiendo otra vez, gracias al consejo y la propuesta de un buen amigo que me animó a regresar porque “le gustaba cómo escribía”. Joder, ¿no es más que suficiente?!!

Pues aquí estoy, tirando letras a la pantalla, sin revisar, sin editar, luchando contra los tiempos de la Inteligencia Artificial desde un blog escondido y anodino pero en definitiva es mi rincón, mi cura.



Gracias...

Comentarios